Fuente: CBC News/RCI

Washington/Ottawa, 23 de agosto de 2026.— La disputa comercial entre Estados Unidos y Canadá entró este fin de semana en una nueva fase de tensión después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, acusara a Canadá de querer disfrutar de los beneficios de formar parte de Estados Unidos sin convertirse formalmente en uno de sus estados.
En un breve mensaje publicado el domingo en su plataforma Truth Social, Trump afirmó que Canadá «quiere los beneficios» de ser un estado estadounidense «sin serlo». Sus declaraciones constituyen sus primeros comentarios públicos desde el colapso de las negociaciones comerciales entre Washington y Ottawa y se producen después de la entrada en vigor de nuevos aranceles estadounidenses contra productos canadienses.
Trump también acusó a Canadá de haber impuesto durante años «enormes cantidades de aranceles» a los agricultores estadounidenses y concluyó su mensaje con un contundente «¡No más!». El Gobierno canadiense no había respondido inmediatamente a esas declaraciones.
Las palabras del presidente estadounidense reavivan además su controvertida propuesta, expresada repetidamente desde el comienzo de su segundo mandato en 2025, de que Canadá se convierta en el llamado 51.º estado de Estados Unidos, una idea rechazada por el Gobierno canadiense y por amplios sectores de la sociedad del país.
Nuevos aranceles del 50 %
La escalada se produjo después de que fracasaran las negociaciones destinadas a alcanzar un nuevo acuerdo comercial bilateral.
Desde las primeras horas del sábado comenzaron a aplicarse aranceles estadounidenses del 50 % a cientos de productos canadienses, con un valor superior a los 28.000 millones de dólares. Entre los bienes afectados se encuentran productos como madera contrachapada, cemento, vino y artículos relacionados con el hockey.
Las negociaciones también contemplaban reducir los aranceles estadounidenses existentes sobre sectores estratégicos de la economía canadiense, incluidos el acero, el aluminio y la industria automotriz.
El primer ministro canadiense, Mark Carney, explicó que Ottawa decidió abandonar las conversaciones después de que la Administración Trump presentara exigencias que Canadá consideró inaceptables.
«Pedían demasiado y ofrecían demasiado poco», sostuvo Carney al explicar la decisión de su Gobierno.
Según el primer ministro, Washington había exigido, entre otras condiciones, restricciones a la capacidad de Canadá para establecer acuerdos comerciales con terceros países, algo que Ottawa consideró incompatible con sus intereses económicos y su soberanía comercial.
Ottawa prepara una respuesta
Carney anunció que Canadá responderá con aranceles recíprocos, «dólar por dólar», sobre productos estadounidenses. Las nuevas medidas están previstas para entrar en vigor el 8 de septiembre.
La decisión ha recibido un respaldo considerable de los primeros ministros provinciales y territoriales. El premier de Ontario, Doug Ford, afirmó que estaba satisfecho de que Carney no hubiera firmado el acuerdo propuesto por Washington porque, a su juicio, se trataba de «un mal acuerdo».
«Tenemos que combatir estos aranceles, arancel por arancel, dólar por dólar», declaró Ford.
El respaldo provincial refleja una creciente presión política interna para que Ottawa adopte una posición firme frente a Washington, especialmente ante el impacto potencial de los nuevos gravámenes sobre empleos, consumidores y cadenas de suministro a ambos lados de la frontera.
Washington descarta nuevas negociaciones por ahora
Desde Estados Unidos, el representante comercial Jamieson Greer aseguró el sábado que actualmente no existen planes para reanudar las negociaciones con Canadá.
Greer sostuvo que la Administración Trump busca proteger a los trabajadores estadounidenses y las cadenas de suministro nacionales. Según el funcionario, Washington había ofrecido reducir los aranceles aplicados a sectores como el acero, los automóviles y la madera.
«Siempre han tenido el mejor acuerdo, y aún tendrían un acuerdo todavía mejor, pero no lo quisieron», afirmó Greer al referirse a Canadá.
Sin embargo, algunos analistas consideran que la ruptura podría no ser definitiva.
Jamie Gillies, coordinador del programa de Comunicaciones y Políticas Públicas de St. Thomas University, en New Brunswick, señaló que existía una expectativa de que Canadá respondiera a las medidas estadounidenses mediante una estrategia de reciprocidad.
Gillies destacó que las encuestas muestran que los canadienses no quieren sentirse presionados o «intimidados» por la Administración estadounidense. Al mismo tiempo, consideró que todavía existe margen para que ambos gobiernos regresen a la mesa de negociación, especialmente porque los aranceles canadienses anunciados por Carney no entrarían en vigor hasta septiembre.
El factor político estadounidense
La disputa también tiene una dimensión política interna en Estados Unidos. Gillies señaló que la Administración Trump podría enfrentar una presión creciente si los aranceles contribuyen a aumentar el costo de vida de los estadounidenses.
Con las elecciones legislativas de medio mandato previstas para noviembre, un deterioro de las condiciones económicas podría convertirse en un asunto políticamente sensible para los republicanos.
Por ello, según el académico, Washington podría tener incentivos para encontrar una salida que permita presentar el conflicto como una victoria política sin mantener indefinidamente todos los aranceles anunciados.
«Hay margen de maniobra», sostuvo Gillies, al considerar la posibilidad de que ambos países encuentren algún punto de acuerdo que permita reducir la confrontación.
La relación bilateral entra en una etapa crítica
La crisis comercial representa uno de los mayores desafíos recientes para la relación entre Canadá y Estados Unidos, dos economías profundamente integradas y cuyos intercambios comerciales sostienen millones de empleos y extensas cadenas de suministro.
La decisión de Ottawa de rechazar las exigencias estadounidenses y preparar una respuesta arancelaria marca un cambio significativo en la estrategia canadiense frente a Washington. Al mismo tiempo, las declaraciones de Trump sobre Canadá como potencial «51.º estado» añaden una dimensión política y nacionalista a un conflicto que hasta ahora se había centrado principalmente en cuestiones comerciales.
Con los aranceles estadounidenses ya en vigor y las represalias canadienses previstas para septiembre, la atención internacional estará centrada ahora en determinar si la confrontación desembocará en una guerra comercial prolongada o si ambos gobiernos encontrarán una vía para regresar a las negociaciones.