Fuente: The Canadian Press

OTTAWA (25 de agosto de 2026).- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, elevó este martes nuevamente la tensión con Canadá al afirmar que su Gobierno está considerando seriamente cambiar el nombre del lago Ontario por “Lake America”, en medio de una creciente disputa comercial con Ottawa.
En una publicación en redes sociales, Trump aseguró además que Estados Unidos no espera continuar haciendo negocios con Ontario “por mucho más tiempo”, en una nueva señal del deterioro de las relaciones económicas entre Washington y la provincia canadiense.
La amenaza sobre el nombre del lago, uno de los Grandes Lagos de América del Norte que comparten Canadá y Estados Unidos, se produjo mientras ambos países se encuentran inmersos en una disputa comercial que ha llevado a la suspensión de las negociaciones bilaterales.
Trump volvió posteriormente a cuestionar al primer ministro canadiense, Mark Carney, a quien acusó de mentir sobre las exigencias estadounidenses relacionadas con la protección del idioma francés y la cultura canadiense durante las conversaciones comerciales.
“¡Nunca interferiría con que los canadienses hablen francés!”, afirmó Trump, al rechazar las acusaciones de Ottawa de que los negociadores estadounidenses habían planteado medidas que podrían afectar la protección del contenido francófono en Canadá.
Carney declaró el sábado que los negociadores estadounidenses habían intentado obtener medidas que redujeran la visibilidad y accesibilidad del contenido en francés en internet. Trump calificó esa afirmación de falsa y acusó al primer ministro canadiense de utilizar el conflicto para obtener respaldo político en Quebec.
“Este engaño fue inventado por un primer ministro débil e ineficaz”, sostuvo Trump, al tiempo que afirmó: “¡Amo a los francocanadienses!”.
La disputa tiene también un trasfondo relacionado con las políticas lingüísticas de Quebec. El informe anual de Estados Unidos sobre las preocupaciones comerciales con otros países había identificado anteriormente como un problema la Ley 109 de Quebec, que establece obligaciones para las plataformas de streaming en materia de disponibilidad y promoción de contenido en francés.
Amplio respaldo a la posición de Ottawa
Mientras Trump intensifica sus ataques contra Carney, las encuestas muestran que el Gobierno canadiense cuenta con un respaldo considerable por su decisión de abandonar las negociaciones comerciales bajo las condiciones planteadas por Washington.
Una encuesta de Angus Reid realizada durante el fin de semana encontró que el 76 % de los canadienses consideraba acertada la decisión del Gobierno de retirarse de las conversaciones. El respaldo fue todavía mayor en Quebec, donde alcanzó el 85 % de los encuestados.
La encuesta fue realizada en línea y, por sus características, no permite asignarle un margen de error convencional.
En contraste, varias encuestas recientes sitúan la aprobación de Carney entre el 50 % y el 60 %, mientras que la aprobación de Trump en Estados Unidos ronda el 33 %, uno de los niveles más bajos registrados durante sus dos períodos presidenciales.
Nuevos aranceles agravan la disputa
Los últimos ataques de Trump se producen pocos días después de que Canadá suspendiera las negociaciones comerciales con Estados Unidos.
Ottawa acusó a Washington de presentar exigencias inaceptables de última hora después de que ambos países parecían acercarse a un acuerdo. El Gobierno canadiense sostiene que esas demandas podrían limitar su capacidad para negociar acuerdos comerciales con terceros países y proteger aspectos fundamentales de su soberanía y cultura.
Estados Unidos respondió el sábado imponiendo nuevos aranceles del 50 % a determinados productos canadienses, valorados en unos 28.000 millones de dólares.
El Gobierno de Carney tiene previsto anunciar sus propias medidas de represalia este martes, mientras la relación entre los dos principales socios comerciales de América del Norte entra en una nueva etapa de confrontación.
La disputa comercial amenaza con extenderse más allá de los aranceles y afectar cuestiones de soberanía, política cultural e identidad nacional, convirtiendo la relación entre Washington y Ottawa en uno de los principales focos de tensión económica y diplomática de América del Norte.