
Ottawa, 22 de agosto de 2026. — El primer ministro canadiense, Mark Carney, anunció este viernes la suspensión de las negociaciones comerciales con Estados Unidos, tras considerar que las últimas condiciones planteadas por Washington son “antieconómicas”, injustas y perjudiciales para los intereses de Canadá. El Gobierno canadiense ordenó a sus negociadores regresar a Ottawa y confirmó que responderá a los nuevos aranceles estadounidenses con medidas equivalentes.
En un discurso dirigido a la ciudadanía, Carney afirmó que Canadá no está dispuesto a aceptar un acuerdo que comprometa su soberanía, debilite sectores estratégicos o reduzca los beneficios económicos del país. “Pidieron demasiado y ofrecieron demasiado poco”, resumió el primer ministro al explicar la decisión.
Ottawa responderá dólar por dólar
Carney anunció que Canadá igualará los nuevos aranceles impuestos por Washington, dólar por dólar, con el objetivo de proteger a trabajadores, agricultores, familias y empresas canadienses.
Las nuevas medidas estarán concentradas en sectores considerados estratégicos, entre ellos el acero, los productos lácteos, los electrodomésticos, los equipos agrícolas, la pulpa y el papel y los productos electrónicos. También abarcarán bienes actualmente afectados por los aranceles estadounidenses establecidos bajo las secciones 232 y 338 de la legislación comercial de Estados Unidos.
Ottawa detallará las nuevas medidas en los próximos días y estas entrarán en vigor el martes posterior al Día del Trabajo, que este año se celebra el 7 de septiembre.
El Gobierno canadiense reconoció que la decisión podría elevar algunos precios y reducir la variedad de productos disponibles para los consumidores, pero sostuvo que se trata de una respuesta necesaria para defender la industria nacional.
Carney acusa a Washington de cambiar constantemente sus argumentos
Durante su intervención, Carney criticó la sucesión de argumentos utilizados por Estados Unidos para justificar sus medidas comerciales. Según el primer ministro, Washington ha vinculado los aranceles a cuestiones tan diversas como el tráfico de fentanilo, los impuestos canadienses a grandes empresas tecnológicas estadounidenses, la certificación de aeronaves, los peajes de un puente construido por Canadá, la política canadiense de productos lácteos, la venta de alcohol estadounidense en las provincias y hasta un anuncio televisivo que citaba al expresidente Ronald Reagan.
Carney también rechazó la afirmación estadounidense de que Canadá se beneficia injustamente del comercio bilateral debido al déficit comercial de Estados Unidos.
El primer ministro destacó que la diferencia en el comercio de mercancías se explica en buena medida por la enorme cantidad de energía que Estados Unidos compra a Canadá. Según los datos presentados por Ottawa, Canadá suministra el 99 % de las importaciones estadounidenses de gas natural, el 85 % de las importaciones de electricidad y el 60 % de las importaciones de petróleo crudo.
Además, Carney sostuvo que, cuando se incorporan los servicios al cálculo comercial —incluidos sectores como las finanzas y el entretenimiento—, Estados Unidos mantiene un superávit comercial con Canadá.
Una relación económica profundamente interdependiente
El jefe del Gobierno canadiense subrayó que la relación comercial entre ambos países beneficia a las dos economías y recordó que Canadá es el principal cliente extranjero de los automóviles fabricados en Estados Unidos.
“Compramos más automóviles fabricados en Estados Unidos que el Reino Unido, Japón y China juntos”, señaló.
Canadá también es el principal mercado extranjero para productos estadounidenses en 26 estados y uno de los tres principales mercados para 45 estados.
Según Carney, los estadounidenses vendieron el año pasado cerca de 600.000 millones de dólares en bienes y servicios a Canadá, equivalente a más de 1.600 millones de dólares diarios.
En este contexto, el primer ministro insistió en que los aranceles terminan funcionando como impuestos que también afectan a los consumidores estadounidenses.
Washington habría presentado nuevas condiciones consideradas inaceptables
Carney explicó que durante las últimas semanas Ottawa había considerado posible alcanzar un acuerdo amplio que permitiera mantener el acceso libre de aranceles para la mayor parte de las empresas canadienses y ofreciera mayor estabilidad a la relación bilateral.
Canadá incluso estaba dispuesto a retirar sus aranceles de represalia sobre sectores estratégicos como el acero, el aluminio y los automóviles, siempre que Estados Unidos redujera significativamente sus propias tarifas.
Ottawa también había ofrecido recomendar a las provincias que volvieran a colocar productos alcohólicos estadounidenses en sus estanterías y adoptar medidas administrativas para proteger el sistema canadiense de gestión de la oferta.
Sin embargo, Carney aseguró que Washington presentó en los últimos días nuevas exigencias que cambiaron el equilibrio de las negociaciones.
El primer ministro afirmó que Canadá no estaba dispuesto a hacer concesiones sobre su soberanía, la protección de las industrias estratégicas, la lengua francesa o la cultura canadiense.
Canadá acelera su estrategia de diversificación comercial
La ruptura de las negociaciones no representa, según Carney, un cambio de rumbo, sino la continuación de una estrategia que Ottawa considera fundamental para reducir su dependencia económica de Estados Unidos.
“Construir en casa y diversificar el comercio en el extranjero no es nuestro Plan B. Ha sido nuestro Plan A desde el principio”, afirmó.
El Gobierno canadiense sostiene que durante el último año ha firmado más de 20 acuerdos comerciales y de seguridad en cinco continentes. Según Carney, las empresas canadienses tienen actualmente acceso libre de aranceles a mercados que representan alrededor de 1.500 millones de consumidores, cifra que Ottawa pretende duplicar durante los próximos seis meses mediante nuevos acuerdos, incluidos los previstos con países de ASEAN y con India.
Canadá también prevé iniciar este otoño conversaciones con la Unión Europea para profundizar sus relaciones económicas y de seguridad.
Ottawa apuesta por infraestructura, energía y defensa
Carney presentó además la respuesta canadiense como parte de un proyecto más amplio para transformar la economía nacional.
El Gobierno ha remitido 27 grandes proyectos al nuevo Major Projects Office, que representan, según Ottawa, unos 500.000 millones de dólares en potenciales inversiones privadas. Entre ellos figuran nuevos puertos, minas y corredores energéticos.
Asimismo, el programa Build Canada Homes ha comprometido casi 17.000 viviendas mediante 17 asociaciones, mientras que el fondo Build Communities Strong, dotado con 51.000 millones de dólares, financiará hospitales, centros comunitarios y sistemas de transporte público.
En materia energética, Ottawa pretende duplicar la capacidad de la red eléctrica nacional para 2050. Carney destacó además el proyecto de energía limpia desarrollado por Canadá, Quebec y Terranova y Labrador, que calificó como la mayor inversión individual de la historia canadiense y como el mayor proyecto de energía limpia de Norteamérica.
El Gobierno también prevé invertir alrededor de 500.000 millones de dólares en defensa, ampliando la capacidad de los astilleros, la industria aeroespacial y las capacidades cibernéticas del país.
El Gobierno promete apoyo a las empresas afectadas
Ottawa destinará 25.000 millones de dólares para proteger a trabajadores y empresas perjudicados por la guerra comercial con Estados Unidos.
Los recursos estarán destinados, entre otras medidas, a ayudar a pequeñas y medianas empresas a invertir en equipos, productividad y cadenas de suministro, así como a proporcionar financiación a grandes empleadores para mantener sus operaciones y puestos de trabajo.
El Gobierno también pretende ayudar a las industrias más afectadas a modernizarse y buscar nuevos mercados internacionales.
Carney aseguró que Canadá llega a esta nueva etapa con una posición económica más sólida y destacó que el país mantiene una de las posiciones fiscales más fuertes del G7.
Una nueva etapa en las relaciones entre Ottawa y Washington
El discurso de Carney marca uno de los momentos más tensos de la relación económica entre Canadá y Estados Unidos en décadas. Aunque el primer ministro dejó abierta la posibilidad de alcanzar en el futuro un acuerdo mutuamente beneficioso, dejó claro que Ottawa ya no está dispuesto a aceptar un pacto basado en concesiones consideradas desproporcionadas.
Carney afirmó que los vínculos entre las sociedades canadiense y estadounidense siguen siendo fuertes y que ambos países tienen importantes intereses comunes. Sin embargo, sostuvo que la relación debe basarse en el respeto mutuo, la soberanía y beneficios económicos compartidos.
“Canadá se está haciendo más fuerte y menos dependiente de Estados Unidos”, afirmó.
Con la suspensión de las negociaciones y la próxima entrada en vigor de nuevos aranceles de represalia, la relación comercial norteamericana entra así en una nueva fase de incertidumbre, mientras Ottawa acelera su estrategia para diversificar mercados, fortalecer la producción nacional y ampliar los vínculos económicos de Canadá con Europa, Asia y otros mercados internacionales.