Fuente: THE CANADIAN PRESS

St. John’s, Terranova y Labrador — 3 de septiembre de 2026. Veinticinco años después de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, un grupo de ciudadanos estadounidenses regresará la próxima semana a Gander, Terranova y Labrador, para conmemorar una de las historias de solidaridad más recordadas de aquella tragedia: la de una pequeña comunidad canadiense que abrió sus puertas a miles de pasajeros atrapados tras el cierre del espacio aéreo estadounidense.
El reencuentro tendrá lugar en un momento especialmente delicado para las relaciones entre Canadá y Estados Unidos, marcadas por una guerra comercial y por las amenazas del presidente estadounidense Donald Trump contra Canadá.
Para algunos de aquellos pasajeros, el viaje tendrá un significado adicional. Sue Riccardelli, de 65 años, y su esposa, Maureen Murray, de 67, llevarán nuevamente una bandera que combina la hoja de arce canadiense y las barras y estrellas estadounidenses, como símbolo de la amistad entre ambos países.
La pareja estaba entre los pasajeros de uno de los 38 aviones desviados a Gander, donde más de 6,500 personas quedaron varadas durante varios días después de que Estados Unidos cerrara su espacio aéreo tras los ataques terroristas.
“Los estadounidenses no somos Trump, los estadounidenses no somos este gobierno”, afirmó Riccardelli en una entrevista desde su casa en Nueva Jersey. “Somos estadounidenses que amamos a Canadá”.
Una bandera como mensaje de amistad
Cada septiembre, Riccardelli y Murray colocan la bandera frente a su vivienda en Nueva Jersey para recordar a las personas de Gander que los recibieron durante aquellos días de incertidumbre.
Desde el año pasado también comenzaron a llevarla a representaciones del musical “Come From Away”, inspirado precisamente en la experiencia de los pasajeros atrapados en Terranova y en la respuesta de los habitantes de Gander.
Después de una de las funciones en Morristown, Nueva Jersey, Riccardelli abrió la bandera frente al público. Un foco la iluminó mientras los espectadores respondían con una ovación.
“Se volvieron locos”, recordó Murray.
Para la pareja, el gesto adquiere ahora una dimensión política y emocional debido al deterioro de las relaciones entre Washington y Ottawa.
“Plane People”: cuando Gander abrió sus puertas
Entre los estadounidenses que regresarán se encuentra Kerry Derringer-Cashin, quien viajaba de Dublín a Nueva Jersey cuando los secuestradores estrellaron dos aviones contra el World Trade Center en Nueva York.
Su avión fue el primero en realizar un aterrizaje de emergencia en Gander después del cierre del espacio aéreo estadounidense.
Los pasajeros permanecieron durante horas dentro del avión sin conocer con precisión lo que estaba ocurriendo. Finalmente fueron trasladados al pequeño aeropuerto local, donde los residentes comenzaron a ofrecerles comida.
Los llamados “plane people” fueron posteriormente distribuidos por diferentes comunidades de la zona.
Conductores de autobuses escolares incluso interrumpieron una huelga laboral para transportar a los pasajeros hacia iglesias, escuelas y centros comunitarios.
Derringer-Cashin recuerda especialmente su llegada, alrededor de las cinco de la mañana del 12 de septiembre, a Glenwood, una localidad situada unos 20 kilómetros al oeste de Gander.
Los habitantes habían preparado camas improvisadas y mantas en una iglesia. También instalaron televisores para que los pasajeros pudieran conocer finalmente las dimensiones de los ataques en Estados Unidos.
Los residentes ofrecieron teléfonos y computadoras para que pudieran comunicarse con sus familiares. Algunos incluso pusieron sus propias casas a disposición de los desconocidos para que pudieran ducharse o descansar.
Otros les ofrecieron habitaciones para dormir.
Un recuerdo que contrasta con la tensión actual
Derringer-Cashin, ahora de 63 años, considera que el 25.º aniversario de los atentados es una oportunidad para recordar aquella demostración de solidaridad.
“Espero que el mensaje de cuidado y bondad todavía llegue de alguna manera”, afirmó.
La estadounidense también lamentó el deterioro de las relaciones entre ambos países y expresó su esperanza de que la situación actual sea solamente un episodio temporal.
“Esperamos que cambie y que esto sea solamente un pequeño paréntesis en el tiempo”, dijo. “Me disculpo en nombre de mi país”.
Riccardelli y Murray también permanecieron cuatro días en Gander después de que su vuelo procedente de Francia fuera desviado. Se alojaron en el campus local del College of the North Atlantic, junto con más de 230 pasajeros de su vuelo.
Desde entonces han regresado al área al menos diez veces y han mantenido las amistades que establecieron durante aquella crisis.
De la solidaridad del 11-S a una guerra comercial
El reencuentro se produce mientras Canadá y Estados Unidos atraviesan uno de los períodos más tensos de su relación bilateral en décadas.
Las relaciones comenzaron a deteriorarse el año pasado, cuando Trump empezó a amenazar con imponer aranceles a productos canadienses y llegó a plantear la posibilidad de convertir a Canadá en el 51.º estado estadounidense.
Las tensiones comerciales se intensificaron recientemente después de que el primer ministro canadiense, Mark Carney, abandonara las negociaciones con Washington. Trump posteriormente introdujo aranceles del 50 % sobre miles de millones de dólares en exportaciones canadienses, mientras Ottawa prepara nuevas medidas de represalia.
El contraste con lo ocurrido hace 25 años no pasa desapercibido para los estadounidenses que vivieron aquella experiencia.
Murray subraya que la ayuda no procedió únicamente de Gander, sino de comunidades de todo Canadá que participaron en el esfuerzo para proporcionar refugio, comida y apoyo a los pasajeros.
“Esto fue un esfuerzo de todo Canadá para dar refugio a la gente durante este momento realmente difícil, para apoyarlos y apoyar a nuestro país”, afirmó.
Para los sobrevivientes estadounidenses, el mensaje que llevarán a Gander la próxima semana será sencillo: la relación entre los pueblos canadiense y estadounidense trasciende a los gobiernos de turno y a las disputas comerciales.
Mientras las diferencias políticas y económicas dominan actualmente la relación bilateral, aquellos pasajeros que quedaron varados en Terranova hace un cuarto de siglo regresarán para recordar un momento en que, ante una tragedia que cambió al mundo, las fronteras dejaron de importar y la solidaridad entre vecinos prevaleció.