Canadá acelera la eliminación de barreras comerciales internas ante la incertidumbre con Estados Unidos

Fuente: The Canadian Press

OTTAWA (28 de agosto de 2026).- El deterioro de las relaciones comerciales entre Canadá y Estados Unidos está dando un nuevo impulso a los esfuerzos de Ottawa y las provincias para eliminar las barreras que dificultan el comercio dentro del propio país, aunque expertos advierten que construir un verdadero mercado canadiense unificado será un proceso complejo.

La suspensión de las negociaciones comerciales con Washington ha llevado a los gobiernos federales, provinciales y territoriales a poner mayor énfasis en fortalecer el mercado interno y reducir los obstáculos que todavía separan a las economías provinciales.

El tema ocupó un lugar central esta semana durante una reunión de responsables federales, provinciales y territoriales de comercio celebrada en Iqaluit, donde los ministros acordaron acelerar la creación de un mercado canadiense común y facilitar la movilidad laboral.

En un comunicado publicado el jueves, los responsables políticos coincidieron en que el fracaso de las conversaciones con Estados Unidos hace más urgente que nunca reforzar la economía doméstica.

El alcohol revela la complejidad del problema

Uno de los avances más recientes se produjo el mes pasado, cuando nueve provincias acordaron permitir la venta directa de bebidas alcohólicas a consumidores entre distintas provincias.

Sin embargo, incluso esta medida, limitada a un sector específico, demuestra las dificultades que existen para eliminar las barreras comerciales internas.

Algunas provincias mantienen cargos y requisitos adicionales que se suman a las obligaciones que ya deben cumplir los productores en sus lugares de origen.

Jeff Guignard, director ejecutivo de Wine Growers British Columbia, cuestionó especialmente la existencia de múltiples márgenes mayoristas y procedimientos burocráticos.

«Tener que pagar dos márgenes mayoristas es simplemente una locura», afirmó.

Guignard también criticó que las bodegas de Columbia Británica tengan que registrarse en otras provincias para poder enviar directamente sus vinos a consumidores.

A su juicio, Canadá ha tratado durante demasiado tiempo a cada provincia como si fuera una economía completamente independiente.

«Estamos hablando de una sola economía canadiense», sostuvo.

El potencial económico es considerable

La eliminación de las barreras internas podría tener importantes consecuencias para la economía canadiense.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que eliminar los obstáculos al comercio interprovincial podría aumentar el producto interno bruto real de Canadá hasta en un 7 % a largo plazo, equivalente a unos 210.000 millones de dólares canadienses.

Una estimación más conservadora fue presentada en marzo por CIBC, que calculó un posible incremento del PIB de alrededor del 1 %.

Aunque existe una diferencia considerable entre ambas previsiones, ambas instituciones coinciden en que facilitar el comercio interno podría generar beneficios económicos importantes.

Para un país que depende fuertemente del comercio internacional y que afronta actualmente una relación más conflictiva con su principal socio comercial, Estados Unidos, el mercado interno se ha convertido en una pieza estratégica.

Hacia un mercado canadiense común

Durante la reunión de Iqaluit, los gobiernos acordaron acelerar el trabajo para crear un mercado canadiense común y facilitar la movilidad de los trabajadores.

La intención es disponer de legislación modelo para finales del otoño y volver a reunirse el 2 de octubre para evaluar los avances.

Entre las prioridades también figura alcanzar antes de finales de año un acuerdo que permita una circulación más libre de servicios entre las provincias.

Los gobiernos pretenden además armonizar los procesos de aprobación para viviendas prefabricadas y nuevos materiales de construcción, así como facilitar el comercio de alimentos dentro de Canadá.

El desafío está en aplicar los acuerdos

La renovada ofensiva contra las barreras internas ha sido recibida favorablemente por las organizaciones empresariales.

Corinne Pohlmann, vicepresidenta ejecutiva de promoción de políticas de la Canadian Federation of Independent Business, considera positivo que los gobiernos hayan recuperado el impulso después de que, en su opinión, los esfuerzos se hubieran ralentizado durante los últimos seis meses.

Uno de los avances más importantes ha sido el acuerdo mediante el cual las provincias reconocen los estándares regulatorios de otras jurisdicciones para determinados productos.

La medida entró en vigor en junio, pero Pohlmann advierte que el verdadero desafío comienza ahora: comprobar que los acuerdos funcionen efectivamente sobre el terreno.

Las diferencias regulatorias todavía pueden provocar situaciones paradójicas. Una persona puede comprar, por ejemplo, una escalera o una motosierra en otra provincia, pero no necesariamente estar autorizada a utilizarla posteriormente en un lugar de trabajo debido a las normas locales.

«Si realmente vamos a tomarnos en serio convertirnos en una economía única en todo el país, tenemos que empezar a examinar algunas de estas cuestiones con mucho más detalle», señaló.

17.000 textos regulatorios complican el panorama

El profesor Wolfgang Alschner, de la Universidad de Ottawa, está utilizando inteligencia artificial precisamente para identificar esas diferencias regulatorias.

El académico, titular de la Cátedra Hyman Soloway de Derecho Empresarial y Comercial, trabaja en la creación de una base de datos que permita comparar las regulaciones existentes en todo Canadá y detectar divergencias que no tengan una justificación económica clara.

El desafío es enorme. Canadá cuenta con aproximadamente 17.000 textos regulatorios, cada uno de ellos compuesto por miles de disposiciones.

Según Alschner, muchas de estas normas llevan décadas vigentes y nadie se ha visto obligado hasta ahora a revisar si continúan teniendo sentido en una economía nacional integrada.

Uno de sus ejemplos es especialmente ilustrativo: Ontario es la única provincia canadiense que exige asientos de inodoro con forma de U en determinados espacios públicos. La norma coincide con estándares de la industria estadounidense y puede limitar las opciones de proveedores de otras jurisdicciones.

Aunque se trata de un ejemplo aparentemente menor, el investigador considera que demuestra cómo normas antiguas, intereses establecidos y relaciones comerciales históricas pueden crear obstáculos que terminan pasando inadvertidos.

De eliminar el papeleo a aumentar el comercio real

Para Alschner, reconocer las regulaciones de otras provincias constituye un avance, pero no necesariamente es la solución definitiva.

En su opinión, sería preferible avanzar hacia un único conjunto de normas nacionales siempre que sea posible, en lugar de mantener múltiples sistemas regulatorios que deben reconocerse mutuamente.

El objetivo, sostiene, no debería limitarse a reducir trámites burocráticos sobre el papel, sino conseguir que las empresas puedan vender, contratar trabajadores y prestar servicios con mayor facilidad en cualquier parte del país.

La dimensión de la tarea explica por qué la creación de un mercado interno canadiense plenamente integrado no será inmediata.

Una respuesta a la guerra comercial

El renovado esfuerzo adquiere especial importancia debido al enfrentamiento comercial con Estados Unidos.

Durante décadas, la economía canadiense se ha beneficiado de un acceso relativamente fluido al mercado estadounidense. Pero las actuales tensiones comerciales han obligado a Ottawa y a las provincias a reconsiderar su dependencia de ese mercado y a buscar nuevas fuentes de crecimiento dentro del propio país.

La eliminación de las barreras interprovinciales podría convertirse así en una de las principales estrategias económicas de Canadá para hacer frente a un entorno internacional más incierto.

El desafío será transformar los acuerdos políticos alcanzados en Iqaluit en cambios concretos para empresas y consumidores.

Porque mientras Canadá intenta defender sus intereses frente a las presiones comerciales de Washington, también enfrenta una contradicción dentro de sus propias fronteras: un país con un solo mercado nacional que todavía funciona, en muchos aspectos, como una suma de economías provinciales separadas.