
Lima (16 de abril de 2026).- La recta final de las elecciones presidenciales en Perú ha adquirido una dimensión internacional tras la controversia generada por el candidato ultraderechista Rafael López Aliaga, quien retiró una oferta de recompensa económica para obtener pruebas de un supuesto fraude electoral, denunciado sin evidencias.
El aspirante había publicado en sus redes sociales un mensaje en el que ofrecía hasta 20,000 soles (unos 5,800 dólares) a funcionarios electorales o ciudadanos que aportaran información que respaldara sus acusaciones contra el proceso. Sin embargo, el mensaje fue eliminado horas después, en medio de crecientes críticas y vigilancia internacional sobre la transparencia de los comicios.
La controversia se produce en un contexto de extrema paridad en la carrera por la segunda vuelta presidencial, donde López Aliaga disputa voto a voto el pase con el candidato de izquierda Roberto Sánchez. Con más del 93 % de las actas escrutadas, la diferencia entre ambos es de apenas unos miles de votos, lo que anticipa una definición en instancias electorales.
En paralelo, la conservadora Keiko Fujimori lidera el conteo y tiene prácticamente asegurado su lugar en la segunda vuelta.
Observación internacional respalda el proceso
Las denuncias de fraude han sido rechazadas por las principales misiones de observación electoral, incluidas las de la Unión Europea y la Organización de los Estados Americanos, que han avalado la transparencia del proceso pese a retrasos logísticos en la apertura de centros de votación, especialmente en Lima.
Estos incidentes, según las autoridades, se debieron a problemas en la distribución de material electoral, pero no comprometieron la integridad general de la votación.
Tensión política y ecos globales
La narrativa de fraude promovida por López Aliaga —quien ha manifestado afinidad con el expresidente estadounidense Donald Trump— ha encendido alertas sobre la posible erosión de la confianza institucional, en un patrón que analistas comparan con disputas electorales en otros países.
El candidato incluso había llamado a sus seguidores a la “insurgencia”, elevando el tono de la confrontación política en un país que enfrenta uno de los procesos electorales más fragmentados de su historia, con 35 aspirantes presidenciales.
Definición en manos de las autoridades
El resultado final dependerá ahora de la revisión de miles de actas impugnadas por los organismos electorales, en un proceso que será clave para determinar quién enfrentará a Fujimori en la segunda vuelta.
Mientras tanto, la atención internacional se mantiene sobre Perú, no solo por la ajustada contienda, sino por el impacto que las denuncias sin pruebas podrían tener en la estabilidad democrática y la confianza en el sistema electoral del país andino.