
Washington (13 de abril de 2026).– Un nuevo enfrentamiento entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el papa León XIV ha provocado una ola de críticas dentro y fuera del país, en un episodio que trasciende lo doméstico y reaviva el debate internacional sobre los límites entre poder político y autoridad religiosa.
Las declaraciones del mandatario, en las que calificó al pontífice como “débil contra el crimen” y cuestionó su postura en política exterior —especialmente por sus críticas a la guerra contra Irán—, generaron un rechazo inmediato de la Iglesia católica en Estados Unidos. El arzobispo Paul Coakley, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos, lamentó el tono del presidente y recordó que el papa “no es un rival político, sino el Vicario de Cristo”.
A las críticas se sumaron voces religiosas como el jesuita James Martin, quien calificó los comentarios como “anticristianos”, y figuras políticas como Marjorie Taylor Greene, que también expresó su rechazo público.
Una imagen que agrava la controversia
La polémica se intensificó cuando Trump difundió en su red social una imagen —aparentemente generada con inteligencia artificial— en la que se representaba a sí mismo como Jesucristo, realizando una curación milagrosa. La publicación fue ampliamente criticada por sectores religiosos y políticos, que la consideraron ofensiva y fuera de lugar, especialmente en el contexto de celebraciones religiosas.
Aunque el mandatario eliminó posteriormente la imagen, defendió su publicación y descartó ofrecer disculpas, insistiendo en sus críticas al pontífice y acusando a los medios de tergiversar el episodio.
Un trasfondo geopolítico
El choque entre ambos líderes tiene como telón de fondo la creciente tensión internacional por la guerra con Irán. El papa León XIV ha condenado las amenazas de escalada militar y ha llamado a la paz, postura que ha incomodado a la Casa Blanca.
Desde el Vaticano, el pontífice —nacido como Robert Prevost— ha respondido sin confrontación directa, asegurando que no teme a la administración estadounidense y que continuará alzando la voz en favor de la paz y el diálogo.
Este nuevo episodio evidencia una fractura más amplia entre sectores conservadores en Estados Unidos y el liderazgo de la Iglesia católica, al tiempo que introduce un elemento adicional de tensión en un escenario internacional ya marcado por conflictos armados y divisiones ideológicas.