
Lima (11 de abril de 2026).– La líder opositora Keiko Fujimori regresa al primer plano de la política en Perú con una nueva candidatura presidencial, en un intento por alcanzar la jefatura del Estado tras tres derrotas consecutivas que la han convertido en una de las figuras más persistentes —y polarizantes— de la región.
A sus 50 años, la heredera política del exmandatario Alberto Fujimori busca capitalizar su posición como una de las principales favoritas para pasar a la segunda vuelta en las elecciones de 2026, en un contexto de alta fragmentación política y creciente preocupación por la seguridad ciudadana.
La trayectoria electoral de Fujimori ha estado marcada por ajustadas derrotas frente a Ollanta Humala en 2011, Pedro Pablo Kuczynski en 2016 y Pedro Castillo en 2021, estos dos últimos por márgenes mínimos. Tras su última derrota, denunció fraude sin que dichas acusaciones fueran respaldadas por observadores internacionales, lo que intensificó la polarización política.
En esta nueva contienda, Fujimori enfrenta un escenario distinto: sin la figura de su padre —fallecido en 2024— y tras el cierre judicial de las investigaciones en su contra por presunta financiación irregular de campañas, lo que le permite presentarse sin procesos pendientes.
Su campaña ha girado hacia un discurso de “mano dura” frente al crimen y una agenda conservadora, apelando al legado de orden y estabilidad asociado al gobierno de su padre, una estrategia que le ha permitido recuperar apoyo en sectores del electorado preocupados por la inseguridad.
Sin embargo, su figura sigue generando división. Sus críticos la responsabilizan parcialmente de la inestabilidad política que ha llevado a Perú a tener múltiples presidentes en la última década, en parte por el rol de su partido en el Congreso tras las elecciones de 2016.
El ascenso de Fujimori en las encuestas, donde compite con figuras como el comediante Carlos Álvarez y el exalcalde de Lima Rafael López Aliaga, refleja no solo la fragmentación del panorama político peruano, sino también un fenómeno más amplio en América Latina: el retorno de liderazgos tradicionales en medio de crisis institucionales.
De cara a los comicios, su candidatura será observada de cerca tanto dentro como fuera del país, ya que podría definir el rumbo político de Perú en un momento clave para la estabilidad democrática de la región.