Fuente: CBC News/RCI

Ottawa (4 de julio de 2026).- El Gobierno de Canadá planea impulsar una de las mayores expansiones de la energía nuclear de las últimas décadas con la construcción de hasta diez nuevos reactores, un objetivo que requerirá miles de millones de dólares en inversión privada y que podría abrir la puerta a la participación de fondos de pensiones canadienses.
El ministro de Recursos Naturales, Tim Hodgson, señaló recientemente que el proyecto británico Sizewell C, en la costa de Suffolk, constituye un modelo para el desarrollo de nuevas centrales nucleares en Canadá. La instalación, cuyo costo se estima en unos 72.300 millones de dólares canadienses, se financia mediante una combinación de recursos públicos y privados, con inversionistas que asumirán el 55 % del proyecto.
Entre esos inversionistas figura La Caisse, que adquirió una participación del 20 % tras comprometer una inversión cercana a los 3.200 millones de dólares canadienses.
Sin embargo, especialistas advierten que atraer este tipo de capital no será sencillo debido al historial de sobrecostos y retrasos que caracteriza a numerosos proyectos nucleares en Occidente.
La central Hinkley Point C, también en el Reino Unido, inició su construcción en 2017 con un presupuesto equivalente a unos 34.000 millones de dólares canadienses, pero las estimaciones actuales sitúan su costo por encima de los 64.000 millones. Un caso similar ocurrió con Olkiluoto 3, cuya construcción se prolongó durante 17 años y cuyo presupuesto prácticamente se triplicó.
Para Adam Scott, director ejecutivo de la organización climática Shift Action, estos antecedentes explican por qué el crecimiento de la industria nuclear ha sido limitado durante las últimas décadas, pese al respaldo gubernamental.
Los expertos coinciden en que, para captar inversionistas institucionales como fondos de pensiones, será necesario reducir significativamente los riesgos financieros. El profesor de finanzas sostenibles de la University of Calgary, Yrjo Koskinen, señaló que esos mecanismos de protección suelen trasladar parte del riesgo a los contribuyentes o a los consumidores de electricidad.
El modelo británico utilizado en Sizewell C, conocido como Regulated Asset Base (RAB), permite que los inversionistas comiencen a recuperar parte de su inversión durante la fase de construcción mediante un cargo aplicado a las facturas eléctricas de los usuarios. Además, limita la responsabilidad de los inversionistas privados si los costos superan determinados umbrales, dejando al Estado la posibilidad de asumir los sobrecostos extraordinarios.
Este esquema ha generado críticas entre grupos ciudadanos británicos, que consideran injusto trasladar el riesgo financiero a los consumidores mientras los inversionistas mantienen una rentabilidad relativamente protegida.
Ontario mantiene el liderazgo nuclear
Canadá cuenta con una amplia experiencia en generación nuclear, especialmente en Ontario, donde casi la mitad de la electricidad proviene de las centrales de Darlington Nuclear Generating Station, Pickering Nuclear Generating Station y Bruce Nuclear Generating Station, todas equipadas con reactores CANDU, una tecnología desarrollada en el país durante la década de 1950.
No obstante, expertos sostienen que Canadá deberá reconstruir parte de la experiencia técnica que perdió tras varias décadas sin desarrollar grandes proyectos nucleares.
Warren Mabee, de la Queen’s University, recordó que entre los años setenta y principios de los noventa el país construía reactores de forma continua, lo que permitió formar una mano de obra altamente especializada. Esa capacidad, señaló, se ha reducido con el paso del tiempo, lo que podría aumentar los desafíos de las primeras nuevas construcciones.
Debate entre energía nuclear y renovables
El plan federal también reaviva el debate sobre el papel de la energía nuclear frente a las fuentes renovables. Sus críticos destacan que la energía eólica, la solar y los sistemas de almacenamiento mediante baterías continúan reduciendo sus costos y han resultado competitivos en recientes procesos de contratación de electricidad en Ontario.
A ello se suma la preocupación por el almacenamiento definitivo de los residuos nucleares, un desafío que Canadá aún no ha resuelto plenamente, aunque existen planes para desarrollar instalaciones geológicas profundas destinadas a su disposición permanente.
Pese a ello, el impulso canadiense forma parte de una tendencia internacional. Además del Reino Unido, países como Estados Unidos, Francia y Japón han anunciado nuevas inversiones para ampliar o modernizar sus capacidades nucleares con el objetivo de fortalecer la seguridad energética y reducir las emisiones de carbono.
Desde el Pembina Institute, el director del programa de electricidad, David Pickup, afirmó que Canadá tiene la oportunidad de consolidarse como un actor relevante en la industria nuclear mundial, aunque advirtió que esa estrategia no debería traducirse en una carga económica excesiva para los ciudadanos canadienses.