Fuente: CBC News (Canadá)

Nueva York (28 de mayo de 2026).-El primer ministro de Canadá, Mark Carney, defendió este jueves en Nueva York una redefinición de la relación económica entre Canadá y Estados Unidos, al asegurar que un Canadá “más fuerte e independiente” puede contribuir a “hacer a Estados Unidos grande otra vez”, en una aparente apropiación del lema político del presidente estadounidense, Donald Trump.
Durante un encuentro con líderes empresariales y financieros en el Yale Club de Nueva York, Carney sostuvo que ambos países deben construir una “verdadera asociación” basada en intereses estratégicos comunes y no en el modelo tradicional en el que Ottawa seguía las prioridades de Washington.
El jefe de Gobierno canadiense afirmó que el actual escenario internacional, marcado por el proteccionismo estadounidense y por “cambios tectónicos” en el comercio mundial, obliga a Canadá a fortalecer su autonomía económica y aprovechar su condición de potencia energética.
“Canadá fuerte ayudará a hacer a Estados Unidos grande otra vez”, declaró Carney ante un auditorio compuesto por ejecutivos de bancos canadienses y empresarios estadounidenses, entre ellos el magnate inmobiliario y del sector alimentario John Catsimatidis.
Energía y minerales, el eje de la nueva relación
Carney defendió una integración selectiva en sectores estratégicos como energía, aluminio, minerales críticos y manufactura industrial, áreas que han sido afectadas por los aranceles sectoriales impulsados por Trump.
El primer ministro destacó que Estados Unidos depende de los suministros canadienses de petróleo, gas natural, electricidad, aluminio, potasa, níquel y cobre, y planteó que ambos países deberían ampliar —y no reducir— su cooperación económica.
En particular, advirtió que el auge de la inteligencia artificial provocará una “escasez aguda” de energía en Estados Unidos, una necesidad que Canadá podría ayudar a cubrir gracias a sus recursos energéticos y su capacidad de generación eléctrica limpia.
Carney también mencionó decisiones recientes de Ottawa para acelerar proyectos estratégicos, como una importante mina de grafito en Quebec y acuerdos de exportación de gas natural licuado desde Columbia Británica hacia Alemania, como ejemplos de una política industrial más agresiva y orientada a la seguridad económica.
Mensaje a Washington antes de la revisión del T-MEC
Las declaraciones de Carney llegan en vísperas de la revisión del tratado comercial entre Canadá, Estados Unidos y México (T-MEC/CUSMA), prevista para el 1 de julio, y en medio de persistentes fricciones comerciales entre Ottawa y Washington.
Aunque el primer ministro canadiense insistió en que existe una “ruptura” en la relación bilateral debido al giro proteccionista de Trump, en las últimas semanas ha moderado el tono y ha reiterado su disposición a negociar una integración más profunda en sectores específicos.
El Gobierno canadiense ha presentado propuestas concretas sobre automóviles, aluminio, energía y minerales críticos para intentar superar la actual etapa de antagonismo comercial. Sin embargo, hasta ahora no se han anunciado negociaciones formales entre ambos países.
Por su parte, el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, reiteró esta semana que Washington mantendrá aranceles sobre algunos productos canadienses para reducir el déficit comercial estadounidense.
Greer reconoció, no obstante, que existen áreas de “beneficio económico mutuo”, especialmente en energía, fertilizantes y minerales críticos, aunque advirtió que sectores como la industria automotriz seguirán siendo motivo de fuertes disputas.
Un cambio de paradigma económico
El discurso de Carney refleja un cambio en la estrategia canadiense frente a Estados Unidos: mantener la integración económica norteamericana, pero bajo condiciones que Ottawa considere más equilibradas.
El primer ministro insistió en que Canadá ya no aceptará una relación subordinada y que la nueva etapa debe basarse en un país “más fuerte, más seguro y más confiado”, capaz de negociar desde una posición de mayor peso económico.
Analistas consideran que el mensaje busca tranquilizar a los mercados y a los inversionistas estadounidenses en un momento de creciente incertidumbre comercial, al tiempo que intenta posicionar a Canadá como un socio indispensable para la transición energética y tecnológica de Norteamérica.