
Washington/Islamabad (12 de abril de 2026).– La crisis en Oriente Medio ha entrado en una nueva fase tras el anuncio del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de ordenar el bloqueo del estrecho de Ormuz, una medida con un impacto directo en los mercados energéticos y en la seguridad internacional.
La decisión llega después de que las negociaciones entre Washington e Irán en Islamabad concluyeran sin un acuerdo definitivo, especialmente en torno al programa nuclear iraní, principal punto de fricción entre ambas partes.
Aunque Trump calificó el diálogo como “productivo” en varios aspectos y confirmó la continuidad del alto el fuego, acusó a Teherán de mantener sus ambiciones nucleares, lo que, según afirmó, motivó la orden de desplegar a la Armada estadounidense para controlar el tránsito marítimo en la zona.
El estrecho de Ormuz, por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial, se ha convertido nuevamente en el epicentro de la tensión geopolítica. Washington también anunció operaciones para retirar minas marítimas en la zona y la posible participación de aliados internacionales en estas tareas, incluido el Reino Unido.
Además, el mandatario advirtió que su Gobierno interceptará embarcaciones que hayan pagado tasas a Irán para cruzar el estrecho, calificando estas prácticas como ilegales, lo que añade un nuevo elemento de fricción en el comercio marítimo global.
Las conversaciones en Pakistán, que se extendieron por más de 20 horas y representaron uno de los contactos de más alto nivel entre ambos países en décadas, dejaron avances parciales pero no lograron resolver cuestiones clave como el control del estrecho, la liberación de fondos iraníes y, sobre todo, el programa nuclear.
Pese al endurecimiento de su postura, Trump aseguró que espera que Irán regrese a la mesa de negociación, en un escenario en el que la diplomacia y la presión militar continúan entrelazadas.
Analistas advierten que el bloqueo del estrecho podría desencadenar repercusiones globales, desde el encarecimiento del petróleo hasta un aumento de la inestabilidad regional, en un momento en que múltiples actores internacionales siguen de cerca la evolución del conflicto.