
Brasilia (10 de abril de 2026).– Brasil y Estados Unidos han dado un paso significativo en su agenda bilateral al lanzar una nueva alianza de seguridad destinada a combatir el crimen transnacional y frenar el tráfico ilícito de armas, en un contexto de creciente preocupación global por estas redes.
El acuerdo, denominado Proyecto MIT (Mutual Interdiction Team), articula la cooperación entre autoridades aduaneras de ambos países, en particular la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza estadounidense (CBP) y la Secretaría de Ingresos Federales brasileña, con el objetivo de mejorar la detección de cargamentos ilegales y desmantelar rutas internacionales de contrabando.
Como eje central de la iniciativa destaca el Programa Desarma, una plataforma tecnológica que permitirá el intercambio de información en tiempo real sobre envíos sospechosos, incluyendo datos como números de serie, rutas comerciales y perfiles de exportadores. Este sistema busca rastrear desde su origen los flujos ilícitos vinculados a armas, municiones y materiales sensibles.
El anuncio fue encabezado por el ministro de Hacienda brasileño, Dario Durigan, quien subrayó que el acuerdo responde a un acercamiento político entre los presidentes Luiz Inácio Lula da Silva y Donald Trump, en un momento de recomposición de las relaciones bilaterales tras tensiones comerciales recientes.
La cooperación también se enfoca en zonas críticas como la Triple Frontera entre Brasil, Argentina y Paraguay, considerada un punto estratégico para el tráfico ilegal. En los últimos doce meses, las autoridades han interceptado decenas de cargamentos con piezas de armamento provenientes principalmente del estado de Florida, ocultas mediante declaraciones fraudulentas.
Asimismo, las cifras reflejan un incremento notable en las incautaciones de drogas en infraestructuras clave como el Aeropuerto Internacional de São Paulo-Guarulhos, donde las autoridades han detectado nuevas modalidades de ocultamiento en productos de consumo masivo.
El acuerdo bilateral se produce en paralelo a la preparación de nuevos foros regionales de seguridad impulsados por Washington, en medio de un escenario internacional marcado por el crimen organizado transnacional y tensiones geopolíticas que influyen en la cooperación entre países.